AutorJaime Bayly

Río Grande, Puerto Rico

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En pocos días los peruanos habrán de elegir a un presidente, o a dos candidatos que semanas después se disputarán la presidencia. Yo, que hace muchos años sobrevivo fuera del Perú, y no tengo planes de volver a residir en ese país del que escapé soñando con ser un escritor, me abstendré de votar. Por primera vez en mi vida, ya sesentón, desencantado de la política, he resuelto no votar en primera...

Bayly’s en las rocas

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El diario español “El Mundo” ha revelado, en artículo firmado por su cronista Pío Canario, que mi hija mayor, Camelia, abogada de prestigio, se ha casado, ante cura católico, en templo religioso, en la ciudad del polvo y la niebla, donde ella no nació, y que yo le hice un desaire, pues me quedé en casa, cultivando la pereza, arrastrándome en pijama y pantuflas, y negándome, como todo un patán, a...

El huracán (todavía) lleva tu nombre

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En vísperas de la boda de mi hija en la ciudad del polvo y la niebla, comí con mi madre en su casa de jardines paradisíacos y me abstuve de probar los postres porque al día siguiente me exhibiría en sociedad y no quería verme tan gordo. Era un día soleado de verano. Radiante a sus ochenta y cinco años, mi madre bendijo los alimentos y, haciendo sonar la campanilla, gobernó la mesa, mientras...

Un hombre sin pantalones

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Yo no sabía hacer el amor cuando me casé por primera vez. Si bien amaba a mi esposa, no sabía hacer el amor con ella ni, todo sea dicho, con nadie. En los años que estuvimos casados, traté de aprender, y mi esposa se esmeró en educarme, pero la verdad es que fracasé. Soy lento, soy lerdo, soy tonto sin remedio. Ese matrimonio sobrevivió unos años, nos llevó de luna de miel a París, nos dejó dos...

El esposo mascota

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Vengo de comer con Frida Kahlo, me dijo mi madre, en un mensaje de voz que envió al celular de mi esposa. Qué mujer tan simpática, añadió, y enseguida continuó: Me invitó a su casa, tiene un departamento precioso frente al mar, había mucha gente, estaba el embajador americano, qué hombre tan guapo. Mientras mi esposa se reía escuchando el mensaje, yo me preguntaba si mi madre, tan proclive a...

Una familia de locos

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Mi hermana Carolina, dos años mayor que yo, avezada inversionista, adicta al dinero, está enojada porque no le he regalado mi más reciente novela “Los golpistas”. Su enfado me ha sorprendido gratamente, pues no imaginé que ella tendría curiosidad por leer esa novela, o alguna de mis novelas. Quiero decir, nunca le he regalado mis libros, y no por mala leche o rencor justiciero, sino porque ella...

Ese toro bravo que es la fama

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Esto de firmar libros no es broma, es cosa seria. El jueves pasado, en una librería de Madrid, Casa del Libro, en plena Gran Vía, me arrojé a los brazos de mis lectores, o ellos se echaron a los míos, y esa fusión amorosa, pródiga en sonrisas y palabras acarameladas, duró tres horas y concluyó no por falta de más lectores avanzando en la fila serpentina, sino porque la librería, ya era hora...

Debí quedarme en Madrid

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Siempre que vuelvo a Madrid, como ahora que regreso con ilusión para presentar mi novela “Los golpistas”, editada por Galaxia Gutenberg, me pregunto por qué no vivo en esa ciudad como escritor a tiempo completo y prefiero residir en una isla de Miami, disfrutando de las bondades del clima, durmiendo hasta la una de la tarde como si estuviera todo el tiempo de vacaciones o ya jubilado, saliendo...

El golpe que duró tres días

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En los próximos días estará en librerías de España y América mi nueva novela “Los golpistas”, publicada por la editorial Galaxia Gutenberg, de mi amigo Joan Tarrida, editor de extraordinaria perspicacia, que hace tres años publicó “Los genios”, mi novela sobre el puñetazo que Vargas Llosa le dio a García Márquez en un teatro mexicano. Ambas novelas surgieron de una sola pregunta, una curiosidad...

La pantera negra ataca de noche

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Se anuncian temperaturas heladas este fin de semana. No saldré de casa. Me arroparé masivamente. Dormiré con tres pares de medias polares, zapatos puestos y dos pijamas, una sobre la otra. Sin embargo, no encenderé la calefacción. Si los ductos del aire acondicionado expulsan aire caliente, no podré dormir con placidez, me secaré como un árbol en otoño y enfermaré. Mi cuerpo diezmado repele todos...