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El papá de Harry Potter

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Cuando llegamos a Buenos Aires, parecíamos una tribu errante: mi esposa, mi hija, mis suegros y yo. Como éramos tantos y tenía que pagar tres habitaciones, no me alcanzó la plata para alojarnos en el Alvear, preferimos el Club Francés, a solo dos calles, en el corazón de Recoleta, Rodríguez Peña y casi Quintana. El Club Francés es un secreto bien guardado: cuesta la mitad de lo que cobra el...

Vengo a abrazarte

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Parece mentira estar en un avión, con mi esposa y nuestra hija de cinco años, rumbo a Buenos Aires. Ellas duermen plácidamente, mientras yo las miro y escribo. Con suerte llegaremos en unas horas, al amanecer. No quiero pensar en los nudos de tráfico en los que nos enredaremos antes de llegar al hotel. Seguramente estaré exhausto y, sin embargo, feliz. No dormiremos en mi apartamento de San...

Viajar sin paraguas

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La relación que tengo con Colombia es una de profundo aprecio y gratitud. He vivido un año en un hotel de Bogotá, en la calle 84, haciendo un programa todas las noches en una cadena de noticias. He viajado muchas veces a Bogotá y Medellín, bien para presentar un libro o grabar entrevistas. He recorrido el país hace años, presentando un monólogo de humor en teatros, salones de hoteles y bares de...

Un escritor y un señorito

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  Viajé a Madrid por primera vez, desde Santo Domingo, donde pasaba una semana al mes, grabando un programa de televisión, cuando tenía veintidós años. El Perú se deshacía por culpa de un demagogo que había ordenado que el gobierno se apropiase de los bancos y cuya política económica había sumido al país en la miseria y el caos. Yo estaba resuelto a dejar la cocaína, de la que me había hecho...

Una deuda impagable

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El vuelo directo a Barcelona dura ocho largas horas. Desde Miami, se llega más rápido a Barcelona que a Buenos Aires. Silvia y yo nos acomodamos en primera, cortesía de nuestra agente de viajes, que nos elevó de clase ejecutiva, a costo cero. Mi mujer me prohíbe tomar pastillas durante el vuelo. Desde que me diagnosticaron que soy bipolar y me suprimieron las pastillas para dormir, salvo una...

Nos vemos en la farmacia

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Caminando por una de mis calles favoritas de Miami, Lincoln road, una señora baja, rolliza, con anteojos, me detuvo y dijo, con marcado acento cubano: -Chico, Baylys, ven acá, ¡cómo has engordado! -Lo que pasa es que en la televisión parezco más flaco –me defendí, sin mucha convicción. -No me mientas –dijo ella, abanicándose con un periódico arrugado-. Has engordado cantidad. -Bueno, sí, un...

Pancho, claro

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Estoy caminando por el aeropuerto de Miami cuando un hombre de mediana edad se me acerca, abre los brazos como si quisiera abrazarme, sonríe por alguna razón que ignoro y me dice: -¿Te acuerdas de mí? Es una pregunta cruel, terrible, que me llena de angustia y me deja sin palabras. Por supuesto, no sé quién es, no tengo el más vago recuerdo de quién podría ser esa persona que me sonríe con tanta...

Un vuelo accidentado

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Estaba exhausto cuando entré en el avión. Eran las seis de la mañana. Necesitaba dormir todo el vuelo de Miami a San Francisco. Me senté al lado de la ventana, bajé las persianas, me puse un antifaz negro y tapones de goma en los oídos, y me dispuse a descansar. Ya casi dormía cuando una azafata me despertó: -Señor, tiene que subir las persianas para el despegue. Sonreí a duras penas con una...

Mi honor estaba en juego

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Mi hermano Andy cumplió años y decidimos celebrarlo jugando un partido de fútbol. Increíblemente, éramos ocho hermanos hombres, así que nuestro equipo estaba completo. Había jugado mi último partido de fútbol un par de años atrás, con amigos escritores chilenos, en una cancha de cemento de Viña del Mar, pero no salí bien parado de ese juego, pues me dejó con un desgarro muscular y una lesión en...

Tortuga obesa

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Corría una brisa fresca en Miami. Apurado, terminé de empacar y subí a la camioneta. Llevaba una maleta llena de regalos para mi madre y sus incontables empleadas domésticas. Llegando al aeropuerto, advertí la presencia de un hombre uniformado, al que hice señas de inmediato. -Maletero, ¿me ayuda por favor? –le dije. -Se ha confundido, señor –respondió-. No soy maletero. -¿Y entonces por qué...