Yo les hablo a mis muertos. Todas las noches, antes de dormir, les hablo con la certeza de que me escuchan, como si estuvieran vivos, tendidos a mi lado. No soy una persona religiosa, no creo que después de la muerte hay un cielo, un purgatorio y un infierno como me educaron cuando era niño, no creo en unos dioses severos que me juzgarán tan pronto como deje de respirar, no creo que los virtuosos...
Por qué no me hice sacerdote
Mi padre dejó embarazada a mi madre doce veces. ¡Doce veces! Diez nacimos sanos, aunque yo nunca he estado sano de la cabeza, dos murieron al nacer. Me atrevo a afirmar que mis padres no hacían el amor. Mi padre era una bestia peluda. Mi madre, una beata. Mi padre abusaba de ella. Embarazarla doce veces fue un abuso. No sé si mi madre se casó enamorada de mi padre. Era muy joven, tenía apenas...
Dame tus medias ahora mismo
UNO El invitado a mi programa de televisión, un hombre adinerado, que usa relojes de medio millón de dólares, que conduce autos de trescientos mil dólares, llega al estudio minutos antes de que yo lo entreviste en directo. No hay tiempo para que lo maquillen. Se sienta frente a mí y de pronto dice: ¡Tengo medias grises! ¡Así no puedo salir al aire! Por un instante pienso que está bromeando...
La niña que cuidaba a sus padres
UNO Una mujer de cuarenta años, madre de una niña de siete, se siente tan desdichada, tan incomprendida, que decide quitarse la vida. No le dice a su esposo, abogado de un banco, que ha resuelto suicidarse. Se lo dice a su hija. Tendida en su cama, la mujer llama a la niña, le muestra unos frascos de pastillas y le dice que va a tomar esas pastillas porque necesita dormir. Le dice a su hija: me...
El vuelo del pelícano triste
En un vuelo nocturno a Buenos Aires, mi esposa me dio la buena noticia de que por fin había tenido la regla y no seríamos padres nuevamente. Conmovido, me puse de pie y la abracé. Me sentí aliviado, como si me hubieran quitado un peso de encima, y luego jubiloso, eufórico, como si hubiera ganado la lotería. No quería ser padre por cuarta vez, a los sesenta y un años. No tengo ya fuerzas para...
Y todo por culpa mía
Amarnos sin protección fue culpa mía. Hace pocas semanas, de visita en Nueva York, en vísperas de una fiesta familiar, mi esposa y yo, que habíamos tenido una pelea feroz por unas licencias suyas que me parecieron excesivas y desataron en mí la fiebre de los celos, nos reconciliamos como suelen ser las reconciliaciones, de un modo súbito y apasionado, ya de madrugada, y a pesar de que ella me...
Ir al paraíso, donde nadie me espera
Mi hija recién casada le escribió un correo a mi esposa, una nota escueta y al parecer suspicaz, preguntándole por qué, al regalarles a ella y a su flamante esposo unos relojes de una casa francesa al día siguiente de su casamiento en Nueva York, no les habíamos entregado los obsequios en las cajas rojas de esos relojes de pulsera, sino en unos estuches pequeños del mismo color. Tras leer el...
Cómo jugar polo con caballos enanos
Cuando nos retiramos del hotel en Nueva York, me enviaron por correo electrónico la cuenta de la suite que ocuparon mi esposa y nuestra hija adolescente, pero no la factura de la suite en que yo dormí a solas, roncando como un oso en invierno. Mientras esperábamos en el aeropuerto el vuelo de regreso a casa, le dije a mi esposa: Estos bobos del hotel me han cobrado tu suite, pero no la mía, qué...
La fiesta inolvidable
He sobrevivido a la boda de mi hija en Nueva York. Contra todo pronóstico, ella tuvo la generosidad de invitarme. Pensé que no me invitaría. No hace mucho me escribió un correo diciendo que estaba cansada de ser mi hija. Cuando escribió estoy cansada, quiso decir estoy decepcionada, o estoy frustrada, o estoy harta. ¿Por qué se había cansado de ser mi hija? Porque soy un padre desastroso, un...
Herido de amor
UNO Escribo estas líneas en un vuelo a Nueva York. Viajo con mi esposa y nuestra hija adolescente. Nos hemos reconciliado, después de una pelea inesperada, la peor que hemos tenido desde que nos casamos hace casi quince años. Juega a mi favor que mi esposa sea escritora. Ella comprende mejor que nadie las cosas que escribo. Sabe que un escritor cobarde, pusilánime, es un artista lisiado. Con...